Naciendo en casa

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NUESTRO PARTO: Mailen, Eduardo y Sima (por Mai)

 

Las contracciones arrancaron el 1 de Abril, 11 días antes de dar a luz. Fueron como un dolor menstrual para mí.

Nada de otro mundo. Nada que mi cuerpo no fuera a tolerar. Era tan light! Las contracciones iban y venían. Ya era “obvio” que estaba cerca de parir, que en cualquier momento podía llegar Sima, pero sabía bien que podía faltar mucho así que me mantuve relajada. Desde la primer contracción les informé a las parteras, Ana Becu y Caro Waldner. Ellas me dijeron esto mismo de que era una buena señal pero que no significaba que estuviera cerca del trabajo de parto activo. Once días de idas y venidas de las contracciones, esas que al principio del embarazo eran tan intrigantes y al final del embarazo tan deseadas. Recuerdo que a partir de la semana 36 o 37 ya pedía que naciera de una vez. No recuerdo exactamente porque, creo quela quería entre mis brazos. Ese miedo que alguna vez llegue a sentir a las contracciones se disolvió en mis hormonas.

Cuestión que luego de once días, de repente, me dan ganas de ir de cuerpo. Voy como todos los días a hacer caca y, como de costumbre, en ese momento el dolor era un poco más intenso (cuando menstruaba me pasaba lo mismo). Por lo general luego de defecar el dolor solía disminuir considerablemente pero esta no fue la ocasión. Si bien, sí, cesó bastante, ese dolorcito ya no era el mismo que venía sintiendo hacía ya once días. Era diferente…

Bueno, pasaron las horas y yo y Edu anotábamos las contracciones raras que tenía (nunca nada regular) hasta que, entre dudas, risas y “será o no?”, se hicieron la 1am y decidimos llamar a Caro. No recuerdo que le dijo

Eduardo, pero no era exactamente lo que estaba pasando así que decidí tomar el teléfono y:
-Hola Caro. Tengo contracciones irregulares. Son cada 4, 5, 6, 8, 10 minutos y duran 1 minuto, 1 minuto y medio cada una. Ahí viene una. Ffff (respiro)
-…
-… Listo, ahí pasó.
– Buenísimo Mai. Como te sentís?
– Estoy bien. Estoy tranquila. No sé si estoy de parto porque no son del todo regulares las contracciones.
– 👍.Querés que vallamos?
– No sé, no estoy segura. Capas no es…
– Si no es nos volvemos no hay ningún problema.
– Bueno, sí, vengan 🙂
– Dale. La paso a buscar a Ana y en 1 hora y media más o menos estamos por ahí. Trata de descansar que vas a necesitar energía.
– Dale Caro. Nos vemos. Gracias.
(Resumiendo, fue algo así)

Caro siempre me transimitó algo muy lindo. Tranquilidad, confianza, seguridad, claridad, firmeza, hermandad, maternidad, amor… No sé si se notó pero me entregué totalmente a ella. Confiaba en ella.

Ana también me transmitía cosas como esta. A Ana la elegí a ciegas. Sin conocerla. Pero cuando la conocí me encantó. También me transmitía paz, alegría, confianza, transparencia, claridad… Y también me entregué a ella.

Llegaron a las 3:05am. Yo estaba dormitando en mi habitación con Eduardo. Habíamos dejado los celulares con sonido (como nunca) para escuchar cuando llegaran Caro y Ana. Cuando llegaron les fue a abrir Edu y empecé a escuchar esas voces que, automáticamente, me hicieron feliz. Entraron: “permiiiiso… holaaa” y sonrisas:
– Hola 🙂
– Cómo estás Mai?
– Bien. Estoy tranquila, descansando.
– Bien Mai. Seguí así que necesitás energía para lo que es el final del parto. Seguí descansando lo más que puedas.
Afirme y me dijeron que saldrían para que pueda seguir descansando.

Cuando salieron mi di cuenta que olvidé pedirles un tacto. Sentía y quería hacer uno. Automáticamente escuché “Ah, sabés que estaría bueno preguntarle si quiere que hagamos un tacto así vemos como está yendo todo…” entonces entró Ana y le dije que las había escuchado y que, sí, quería y les estaba por pedir lo mismo. Se rió y me preguntó si quería saber de cuánto estaba y le dije que sí, así que activó ese tacto. Estaba de 5 o 6 con el cuello borrado. Cuando escuché esos números fue lo másss. Estaba re feliz de estar por la mitad del trabajo de parto (o más) y que el dolor fuera tan tranqui. Así que continué descansando muy feliz. De vez en cuando me despertaba una contracción, me sentaba en un balde al lado de la cama, hacía pis, caca si lo precisaba y me volvía a acostar entre 30 a 60 minutos después para seguir dormitando. Pasaron las horas así donde yo dormitaba, me despertaba, gemía (aaaaaaa) y me mantenía muy quieta. Dentro de mis expectativas del parto pensé que iba a estar más movida, girando las caderas, caminando, gimiendo más fuerte, y cosas así pero no, estaba sentada, quieta, relajada y gemía suave, a veces me reía, hacía bromas, estaba feliz. Luego de haber pasado toda la noche así (cagando, meando, dormitando, gimiendo y blablebli) amaneció. Ana y Caro levantaron el colchón que habíamos improvisado en el momento en que llegaron y fueron a la cocina a pasar el tiempo. Durante la noche aparecía una o la otra para ver como me encontraba, me alentaban, me contaban que todo se veía, se escuchaba y se sentía bien, quizás me aconsejaban algo y luego de 2 a 10 minutos de estar con nosotres volvían a descansar. Luego del amanecer fueron a comprar pancitos a la panadería, volvieron, todo seguía bien. Cuando los gemidos iban haciendo evidente que Sima se acercaba me ofrecieron llenar la pileta de parto que habíamos alquilado, a lo que dije que si pero nunca la pudimos llenar por varios motivos (principalmente xq no había agua caliente directa) así que opté por darme una ducha calentita, que tampoco pudo ser porque usamos un termo eléctrico mal instalado que hacía saltar la térmica entonces al quedarnos sin luz, me quedaba sin funcionar el termo-tanque. En fin, salí de la ducha con frío, tiritando y con contracciones. La verdad que unx imaginaría que fue un sufrimiento pero no lo fue. Era igual pero con un poco de frío que cesó cuando me acerqué a la “estufa” (garrafa con pantalla) de la cual me fui alejando poco a poco a medida que entraba en calor. Cada contracción me bajaba al suelo, directo a tierra, como una rana. Por eso, el banquito de parto fue mi gran aliado desde que apareció aproximadamente a las 5am. Así que salí de la ducha, me paré al lado de la estufa, una contracción me bajó a ponerme en cuclillas, empecé a entrar en calor y de a poquito me fui alejando hasta que quedé aproximadamente a 2 metros de la estufa para no moverme más. Ahí apareció una tela elástica que colgamos en los hombros-cuello de Eduardo, re-apareció el banquito que había quedado en la pieza, y aparecieron los masajitos y mimitos más lindos que Edu me supo dar en ese momento. Mis gemidos ya no eran iguales a los de hacía 1 hora y menos a los de hacía 2 horas. Mi boca se abría y dejaba salir una AAAAA bien abierta. Mi cuerpo empezó a pujar por sí solo. Yo me dejé fluir totalmente. Había visto videos que decían que “vienen las ganas de pujar” y yo absolutamente ignoré los relatos de las otras. Yo sentía que estaba de 7 de dilatación y luego en 8, luego en 9 y luego en 10. No porque lo sintiera en el cuerpo sino porque simplemente lo sabía. Las AAA (gemidos) les dio a entender a las parteras que Sima estaba muy cerca. En un momento la AAAA se hizo aguda, Sima estaba muy cerca y yo estaba en trance. Éramos yo y ella. Me comunicaba con ella. Le pedía que se acercase, que saliera, que saliera, que saliera. Algunos pujos dolían y otros fueron un placer! Los sentí como un masaje. Algunos eran placer y dolor al mismo tiempo, otros solo placer y creo que no puedo decir que alguno haya sido puro dolor. El placer SIEMPRE ESTUVO PRESENTE. Ana tranquilamente me pidió que levantara las rodillas para poner una zalea debajo mío, preparó unas toallas, se colocó los guantes y esperó sentada detrás mío a que Sima saliera. Yo me introduje los dedos en la vagina y sentí una “bolsa de agua”. Era la cabecita de mi hija. No puedo decir que “seguí pujando” porque yo no controlaba mi cuerpo, mi cuerpo, sabio, por su propia cuenta hizo lo que sabía hacer.

Pujó solo cada 1 minuto, cada 3 minutos, descansó durante 10 minutos, 1 minuto, 1, 2, 4, 8, 1, 1 y así hasta que sentí un ardor: el aro de fuego. Eso estuvo intenso. Ese aro me hizo dudar de mi capacidad de aguantar pero aún así pensé “esto es imparable y estoy hecha para esto” introduje mis dedos y estiraba mi vagina. Me salía hacer eso, sin pensar y me hacía sentir mejor. A demás era super motivador sentir que mi vagina todavía se estiraba más de lo que ya se estiraba. Me sentí muy poderosa, muy capaz. Luego de toda la intensidad del aro de fuego salió la cabecita de Sima, y enseguida su cuerpo. Ana la atajó y la dejó en la zalea. Me lo dijo. Todo me decían, en todo momento.

En ningún momento dieron lugar a que yo tuviera alguna duda, alguna incomodidad. Todo nos contaban.

Siempre, siempre respetaron la sensibilidad del embarazo, del parto, del puerperio y de la mapaternidad. Ana me dijo “Sima está bien. Está en la zalea esperándote a que la agarres” y yo quedé jadeando agarrada del banquito de parto (parí arrodillada) muy tranquila, cansada, así que Ana terminó pidiéndome que la agarre. Me estaba tomando mi tiempo para recuperarme pero Sima necesitaba de mi calor y de su mamá en su totalidad. Así que me di vuelta, me senté, la levanté, la tapamos, la abracé y nos miramos fijamente durante mucho tiempo. Caro preguntó si quería comer algo y dije que sí. Pedí frutas, quería kiwi, banana… Luego de unos minutos mientras le tomaban el peso y median a Sima me preguntaron dónde quería alumbrar la placenta, a mí me daba igual dónde fuera así que me ofrecieron ir a la pieza. Llevaron el banquito y yo fui con Sima a upa. Yo no sentía ganas de pujar ni nada pero me motivaron a hacerlo y como que hice una fuercita minúscula que se sintió muy cómica y la placenta salió como una gelatinita por mi vagina sensible a lo que yo tuve como un temblequeo gracioso. La parí en un boul de cerámica azul. No cortamos el cordón (parto lotus). Metimos la placenta en el colador de plástico previamente esterilizado y pusimos sal a la placenta para deshidratarla. Luego continuamos con el proceso de cuidado de la placenta por aproximadamente 4 o 5 días hasta que se desprendió el cordón y hoy está enterrada en una maceta con un jazmín que le regalaron a Sima.

La confianza, la seguridad, la entrega, la fluidez que tuve en ese momento hizo de mi parto una experiencia maravillosa, única, llena de amor, respeto y luz. La sabiduría y las mil características hermosas de Ana y Caro acompañaron perfectamente todo el proceso de embarazo, parto y puerperio y puede que ellas hayan sido un pilar importante de mi tranquilidad en el momento del parto. Inmensamente agradecida a estas mujeres, a mi hija, a mi compañero y a mí por darme ese momento inolvidable, incomparable, mágico, único!!!

Luego Ana y Caro continuaron viéndonos hasta que Sima cumplió un mes. Tuvimos complicaciones con la lactancia pero lo pudimos resolver. Aprendimos a dar y recibir teta! La ayuda, la información, la tranquilidad que nos transmitieron durante todo ese tiempo fue excelente y deseo con el corazón que cada mujer y hombre puedan contar con tal apoyo y tal información!